El romance imposible

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31/07/2015, “Las 12”, Página 12.
El romance imposible
Por Daniel Gigena

La poeta Liliana Lukin publicó en simultáneo dos libros que podrían funcionar como anverso y reverso de una obra donde el pensamiento guía la modulación lírica; versos para reflexionar sobre las relaciones de poder y sumisión.

Desde ya, si se necesitaran razones para arriesgar, la trayectoria de Liliana Lukin (Buenos Aires, 1951) justifica la publicación en simultáneo de dos nuevas obras que enriquecen y complementan su enorme producción, signada por una deriva laboriosa y una reflexión práctica sobre el pensamiento poético. Autora de varios libros –de Abracadabra, de 1978, a La Etica demostrada según el orden poético, de 2011, se cuentan más de diez títulos–, ella ha sabido declinar las formas líricas clásicas con apuestas formales inscriptas en el “arca distraída del lenguaje”, como se lee al comienzo de El Libro Del Buen Amor. Este libro, recientemente editado por Wolkowicz Editores junto con Ensayo Sobre El Poder, ratifica la originalidad de una retórica que sabe bordear tanto la abstracción alucinada, la lucidez amarga o serena y la materia tácita de la sustancia oral del lenguaje. En Ensayo Sobre El Poder, Lukin monta un drama lírico entre lobos y corderos mediante dieciocho poemas de cinco versos cada uno. “Sueño con lobos, los corderos/ persiguen mi sueño,/ quieren entrar en él/ como quien entra atropellando/ en la jaula de su miedo.” Metáfora de las relaciones poder, pequeños enigmas en verso, fábulas paradójicas sobre el terror oculto en el amor, las piezas de Ensayo… evocan una lengua sin sujeto, una especie de marco vacío que sólo la lectura completa.

Las pasiones que abordan ambos libros –el odio, el miedo, la aflicción, las ficciones de la voluntad, el amor– encuentran en la voz de Lukin “modos sorpresivos de proliferación”: una serie de poemas conjugados en segunda persona seguida por otra “positiva” con textos encabezados por la palabra “no”: “no lo que el silencio deja en el aire”, “no una estación del alma”, “no lo que la lengua quiere”, a los que suma una progresión de reflexiones enmarcadas en cadencias súbitas: “el buen amor va, a veces/ vuelve, pero alcanza/ más de una realidad,/ vidas o personas, ajeno/ y propio expande algo/ deja flotar como la sal,/ mantiene vivo/ lo único que no es dado/ decir”.

“Poesía huérfana de anécdota, donde prevalecen los infinitivos y una austera música de la sintaxis, una ausencia de figuración que se funda en un modo de la vacuidad desde el cual se escribe”, ha escrito el crítico Jorge Monteleone sobre la obra de Lukin. Con variaciones audaces y singularidades que preceden a las ideas, esa orfandad recupera en las formas y en las figuras ausentes de los dos nuevos libros de la autora una consistencia, una demanda de disconformidad y una potencia inauditas en la poesía contemporánea. A su regreso de Misiones, donde estuvo durante un mes, Las12 conversó con Lukin acerca de su escritura y de su concepción sobre el oficio poético.

¿Cómo surgió el proyecto de publicar los dos libros a la vez, tan vinculados por tono y temáticas pero al mismo tiempo el uno como reverso del otro?
–El Libro Del Buen Amor (las mayúsculas no son una decisión de diseño, revelan el valor de cada palabra en estas frases) es anterior a Ensayo Sobre El Poder, que era apenas una serie de textos cerrada sobre sí misma y que no podía incluir en otro proyecto. Entonces, ¿por qué no dos libros, otra resolución formal para el objeto? Me gusta pensar que el primero es un libro sobre el Odio y el segundo un libro sobre la Victimación, y lo específico de cada uno los enlaza en un diálogo y una oposición.

¿De qué manera trabajaste la entonación, que por momentos se asemeja a una exposición filosófica?
–La musicalidad es algo constitutivo de la poesía que trabajo mucho, y la partitura de estos textos, esa entonación en común que señalás, creo que proviene de que ambos libros hablan de la decepción, de la tristeza ante lo inevitable de la desilusión. La conciencia sabe, pero no alcanza. Son las formas del poder las que, en ambos, dejan al aire la carne desollada de eso que llamamos humanidad. Creo que en uno lo trabajo desde lo amoroso y la traición, la decadencia del universo, el valor de la palabra que fracasa, cierta noción turbia de la naturaleza que nos rodea, y las formas de enunciarlo. Y en el otro voy desde la directa relación entre lo más débil y lo más fuerte para el imaginario social (lobos y corderos) hasta referencias a la Historia.

Tu trabajo fue definido como “poesía para pensar” pero en tus nuevos libros lográs una intensidad y una incandescencia inusuales, casi aforística.
–Ambos son, tan distintos, la asunción de una ética (una estética) de lo político que el lenguaje puede ser, y de ese modo ambos son ensayos: el que se llama Ensayo Sobre El Poder, en su título tan literal, se abre y cierra con varias citas de escritores sobre el tema de “víctima y victimario”. El otro, que se titula con palabras del lenguaje sentimental, está también escandido rítmicamente por citas que lo sitúan como lectura de posible reflexión política. Ambos libros entrecruzan los límites del pensamiento sobre el sentir y su relación con el actuar: yo soy mi cuerpo, y eso es lo que escribo, pero es necesario una palabra que sufra. Entonces, la poesía como filosofía, puesta en acto de la duda, reflexiones sobre escribir, pero reversible, tal como proponés que pueden leerse los dos libros: una filosofía que diga, desde la más cruda emoción, que la poesía es lo que puede un cuerpo en el lenguaje. Esto no se logra sin un esfuerzo casi físico de concentración y condensación intelectual, en alternancia con un fluir de las palabras, eso que ya está escrito desde antes en mí: hay un trance, no místico, un tránsito entre lo que se quiere decir y ese cómo: la transparencia o incandescencia que mencionaste son buscadas, pero sin proponérmelo. Releeo, reescribo, pulo como el pulidor de lentes que era Spinoza hasta que veo, en el blanco, que lo que “dice” es lo que “quise”, y que el equilibrio o desequilibrio entre los elementos produce en mí el efecto no previsto de un boomerang, donde cada línea tiene que llevar a la siguiente o a la anterior y conmover.

¿Ves cambios o evoluciones de la escritura poética actualmente, una contaminación o, mejor dicho, una confluencia de formas verbales de otros autores? ¿Cómo se sitúan esas voces en tu propia obra?
–Con respecto a las citas, siempre las lecturas que estoy haciendo o las búsquedas de citas son posteriores: o ya está escrito el poema y encuentro frases que lo potencian o los libros aumentan su composición con fragmentos perfectos que me pertenecen como lectora y les dan marco. Creo en una literatura plena de rémoras de lecturas, rezagos, restos de saberes anteriores puestos a actuar, una acción que discute modos de ser, de estar y dejar de estar, eso, dejar de estar y dejar de ser en la indiferencia. Escribo sobre la felicidad, el dolor y la pérdida: me interesa construir una escritura que va mutando, pero siempre trabaja sobre un cuerpo, vivo, móvil, individual o colectivo, un cuerpo de ideas, el cuerpo de un pensamiento que se expande y reflexiona con palabras.

Fuente:
www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9937-2015-08-05.html